domingo, 28 de agosto de 2016

Fiesta



Jorge Arbeleche
                                                                                                                      
                                                                                   

Fiesta

porque vengo de un sitio
donde parece que siempre va a llover
y el agua se resuelve en piedra y bruma

porque vuelvo donde mis vivos viven
donde mis muertos yacen bajo cipreses
de opaca raíz oscura y suben
azules y cimbreantes bajo el cielo
de esmalte de un cielo más lejano
para ceñirse las cinturas igual que
adolescentes alborotando el aire
como una Santa Rita con su lazo de amor,
enamorados
en medio exacto de la luz alegre

porque vuelvo a mis lares
donde el mundo es fiesta
cuando en el aceite de oro de los días
se cuece el ajo de la vida
el mundo es fiesta
cuando la montaña se ama con la nube
bajo la blanca sonrisa de los dioses

cuando los ríos copulan
con la lava escondida de las rocas

cuando el árbol rojo del otoño estira
hacia el verano los brotes germinales
que mecerán la brisa encelada por

el salto detenido del gamo
el vertical aroma del jazmín
y la punzante pezuña del bisonte.
El mundo es fiesta


Ritual

Exprimirás cada racimo del verano
-ollejo a ollejo-
tus dedos
-uno a uno- balarás
en la lluvia sin par de la sandía,
con mi saliva bautizarás tu piel
y en el blanco sosiego de la leche
instaurará la caricia su comarca.

La luz abrigará la sombra entre sus plumas
y en un estallido de círculos concéntricos
el ramaje del sol recubrirá
los tristes los opacos los cansados
los que entran a su casa por la noche
y les suena el esqueleto y el llavero
aquellos que aguardan el fin de los domingos
como una bendición y esperan
que el lunes se les abra
igual a una caja de músicas antiguas.

Porque cada atardecer retorna
Helena
a transitar las doradas almenas de su Troya
y cada mañana
con el primer bostezo del día abandona
las murallas ásperas de Esparta
mientras su vuelo inflaman
la Galerna y el Bóreas
el Pampero y el Céfiro
cuando surca
todos los mares rumbo a
Ilión


El Nilo



avanza
desde el ombligo del desierto
hasta el abierto delta
sobre el lomo del mar
atraviesa
los riscos los valles las llanuras
el musgo vegetal de los oasis
la llama horizontal de las arenas
por arriba y por abajo
avanza
desde el centro germinal de toda fuente
desde el tiempo del trueno y de la sombra
desde la hora primera de la piedra
avanza
su magma ajazminado
para dormirse luego
en la luminosa torrentera.

África se estremece. Aletea. Gime.
El Nilo fluye. 

Ida y vuelta

No se divisa orilla alguna
no se sospechan
cáscaras quebradas de crustáceos
no hay vuelo
que augure tierra firme
no hay ala
ni escama alucinada
debajo de las olas
no late el mar
y luce herrumbrado el tridente de Neptuno.

Hambriento de viento su velamen
encastrada su quilla en dura grava
−toda ancla su cuerpo pareciera
porque mudos y sordos
van remo y remero−
contra toda planicie calcinada
contra todo arrecife muralla cerco o pozo

la nave
va
atraviesa la ruta encrespada del coral
quiebra su proa
y entre las grietas de la espuma
alegre
eleva sus áncoras al aire.

La nave
sigue
y cuando arriba por fin
a la sagrada costa
se escucha entonces
relinchar las yeguas
montadas por todos los centauros.

Cada gruta del bosque
se humedece
se abren gozosas lentas
las ancas de las bestias
y el aire queda preñado
de células sonoras.

El óvulo del canto ha germinado
y olvidose la nave la ruta
del regreso.


El viejo
De pronto se topó con el espejo.
Llave lápiz y libro, en alboroto
resquebrajaron el silencio roto:
era suya la cara de ese viejo

que sin iris ni párpado miraba
la sombra inmóvil de esa cara yerta;
los goznes herrumbrados de una puerta
penumbraron al fin puerta y aldaba.

El rosto sin embargo que veía
guardaba de la luz esa alegría
atisbada hacia el fin de la escalera;

allí sube peldaño tras peldaño
sin importarle tropezón o daño.
Era la luz que vio la vez primera.


Auto de Fe
Escucha
mira
palpa
el crepitar el humo el rojo
abierto
en la alfombra púrpura de brasas

atrévete
atraviesa
imprime

tu planta y
traga
el hilo salobre de tu lágrima

porque ya estás en el umbral del miedo
y entre su remolino te ves entreverado

avanza
estás dentro del fuego
mientras el viento te arroja a sus hogueras
mientras los otros te miran asombrado

los que nunca
escucharon
la mano
desplegarse
en un bosque humedecido de caricias
cuando chispea el carbón de la mandrágora

los que nunca
admiraron
la campana y el mástil
el surtidor y el círculo.

Has desatado
el nudo sin fin de la batalla
y nadas en la otra orilla del combate.

Ya conoces la tercera ribera de las islas.
Ya comprendes el sentido de las rayas del tigre.

Estás en posesión
de toda la música y de todo el silencio.

Y los demás, nos temen.


Agüeros

“¿Cuál es el deber del poeta?
Poner gotas de luz en la oscuridad.”

Odiseo Elytis


Cuando el rayo de luz
abra
con entusiasmo la ventana
cuando el cuarto de claridad entera
inunde
cuando el aire sea para siempre
alegre
y todas las cosas
transparentes
sean,
cada mota de polvo
iluminada
−esa partícula
esa fosforescencia−
habrá de ser sagrada.

Hasta el sueño de piedra
de los gallos.

Agua

Esta es el agua
mansísima
del río
adonde bajan a beber las vacas
en medio del humo vertical del mediodía.

El silencio es redondo
como el musgo.

A veces
lo rasga
alborotado
el empinado verdor de la alegría.

Esas vacas
vinieron ayer y volverán mañana.

La misma agua
idéntica la greda
los juncales creciendo en su pereza.

La corriente con ondas
no conoce la espuma el remolino ni la ola.

Es un arroyo campesino
sin cascadas ni rápidos ni deltas.
No conocerá el mar.
No sabe de afluentes de botes ni veleros.
Pero es el dueño erguido de toda su victoria
con esta agua que es
el agua del bautismo de la primer mañana

conocedora
de todas sus orillas y todas sus honduras

donde cada mañana bajan a pacer los unicornios
y a la tarde los peces irán a desovar.


El espacio de las máscaras
Ambigua sustancia la del tiempo. La de los 
recuerdos. La de los objetos. Con el uso pierde
su primitiva consistencia; el tejido se va
abriendo se tornan fibrosos flotan como
medusas se confunden unos con otros se
vuelven una masa informe. Difícil tarea recordar.
Nadie conoce a nadie. Máscaras.

El espacio del recuerdo


El que llega de tarde había llegado. Hablaba
lento y poco. Sin embargo se ponía locuaz de
cuando en cuando. Y contaba cosas de sí y de
su tiempo niño con plantas y verduras con
gallinas con huevos madre y mermeladas con
silencioso padre de tez y ojos oscuros con
hermanos y música y silencio. Mostraba fotos
como si allí hubiera guardado los días de las 
sonrisas las máscaras de la felicidad cuando era o
parecía más fácil la empresa de los días cuando
todo tenía una base donde apoyarse y entonces
se sabía por qué y cuándo y cómo iba a surgir el
perfecto redondo y acariciante huevo de la 
tierra. Se miran y el que llega de tarde aún son-
ríe. Extiende entonces el tiempo hasta esta tarde
y en este cuarto donde habla y donde cuenta y
canta donde vive y se viven palmo a palmo y
palabra a palabra se siente como que empieza a 
rebrotar la vida.


Último Ulises
El que todo lo vio por los ojos de un ciego
héroe de la total aventura
es también una sombra del polvo de Ítaca
el reflejo tan sólo de una ilusión y un mito.

Como nosotros
que nada vemos sino
la imagen de un espejo borroso
donde se esfuma la forma de seres y de cosas
que en la alta noche se concentran y duelen.



Sueños

África duerme.
Su espalda
ondula
en suave susurrar acompasado

la luz apenas
roza
tres gotas de sudor
que en la frontera del cuello
tintinean
relumbra
entre la arcilla

la llave de oro que abrirá
la puerta custodiada de los templos

desde el umbral
oteo:
no es permitido hollar
la casa de los dioses
"por la secreta escala"
-solo-
subo

y el que lleva mensajes
nos conduce
de mi sueño a tu sueño
de tu sueño hasta el mío
"donde secretamente solo moras"

Jorge Arbeleche, Montevideo, 1943. Es poeta, crítico y ensayista, aunque su labor literaria de mayor perfil es la lírica. Ejerció la docencia de Literatura, accediendo a todos los cargos por concurso, carrera que culminara como Inspector Nacional de Literatura. Integra la Academia Nacional de Letras, la que presidió durante un período. Es miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Lengua Gallega. Actualmente es asesor literario del Ministerio de Educación y Cultura. Ha sido premiado en España, México y Uruguay. En todos los países de América Latina ha sido publicado. Sus poemas fueron traducidos al francés, inglés, portugués, italiano y ruso. 





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